31 agosto 2014

Destruyendo a nuestros enemigos

En el mundo ideal, ese que algunos llamarían paraíso, o Edén, o Cielo, o nirvana ,o Aaru o incluso elíseo, en ese mundo donde no habrían guerras, y por lo tanto, tampoco enemigos, todos disfrutaríamos la vida tal cual es y para disfrutarla tendríamos que compartir y ayudarnos mutuamente, de manera más sencilla: amarnos los unos a los otros.
Sin embargo, en, el que podemos llamar, mundo real, la cosa pinta diferente porque compartir y ayudar no parecen ser parte de las actividades diarias, sustituidas por una sola, trabajar por dinero, y este trabajo nos ha llevado a compartir y ayudar solo a aquellos que están en nuestro círculo familiar. Y todo aquel que no comparta con nosotros o nos ayude en algo, podría convertirse en nuestro enemigo.
Pero, ¿Acaso no destruimos a nuestros enemigos cuando los hacemos amigos nuestros?, dijo Lincoln. Ahí reluce la clave.
En el mundo ideal, la amistad es la conexión más poderosa para que la vida sea vida y que sintamos que todo lo podemos lograr, así mismo, justo como lo cantaron aquellos tipos de Liverpool, que ante cualquier dificultad me las arreglaré con poco de ayuda de mis amigos, o más simple, porque todo lo que necesitas es amor.

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